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Noticias >> El Bucardo, una especie extinta.
Fecha: 23-06-2014

 

Es desalentador pensar en lo que le paso a esta especie. De todo se puede sacar la parte positiva, en este caso, por desgracia, que hayamos aprendido lo que debemos hacer para que no vuelva a suceder… Lo que no se tiene que hacer ya lo sabemos.  

La Capra Pyrenaica o el Bucardo

El último bucardo (una hembra), murió el 5 de enero del año 2000 en el valle de Ordesa. Fue la primera extinción del siglo XXI a nivel mundial. Esta subespecie  de la cabra montés, endémica de los Pirineos, ya se sabía que estaba en peligro de extinción desde principios del siglo XX.

En los anos 70 se calculaba que quedaban unos 20 ejemplares, y a principios de los años 90 apenas quedaban una docena en el canon del río  Arazas de Ordesa. Se llegó a extender por las vertientes del Pirineo del País Vasco, Navarra, Lérida, Gerona y Huesca. En los ‘últimos años, su población quedó  restringida al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Todos los esfuerzos para recuperar la especie llegaron fuera de plazo.

Con respecto a las otras dos subespecies de cabra, se diferenciaba principalmente por su pelo más largo y denso en invierno y la base más gruesa de los cuernos, tanto en machos como en hembras. La cornamenta del bucardo era así mismo, la más larga de entre las cuatro subespecies  de cabra montés que han habitado la Península Ibérica en tiempos históricos. Su principal alimentación se basaba en herbáceas y líquenes. Se podía localizar en bosques de pino silvestre, abeto, haya y pino negro, alternando en zonas rocosas y con barrancos y canales de avalanchas, y en altitudes de entre 1000 y 2200 m.

Hasta ahora se conocían pocos detalles de su historia y es difícil comprender por qué el hombre no ha podido salvar este animal tan indefenso.

Las principales amenazas que llevaron a su desaparición fueron la caza a la que estaban sometidas desde la segunda mitad del siglo XIX debido a su rareza, su hermosa cornamenta que caracterizaba a los machos aumentando su valor. La caza se convirtió tal excesiva que en 1900 ya no quedaban ejemplares en la zona francesa y tan solo unos 50 en España, una cantidad poco viable para la subsistencia de la subespecie.

La declaración de Ordesa como parque nacional en 1918 consiguió que esas cabras duraran más de lo esperado, pero aun así ni este parque, ni la protección estatal que llego tarde, en 1973, fueron suficientes/

La cría en cautividad y posterior suelta en el medio, que podían haber disminuido las probabilidades de extinción, no llegaron a tomarse hasta 1996, cuando se capturó una hembra que murió poco después en cautividad sin llegar a reproducirse.

Otras amenazas que se apuntan podrían haber sido su incapacidad de competir con otras especies por la alimentación, algunas infecciones y enfermedades obtenidas a través del ganado doméstico, los problemas de fertilidad y problemas de consanguinidad, y las condiciones climáticas. 

Las medidas de conservación no fueron suficientes o acertadas.

El hábitat de su última población se declaró Parque Nacional (Ordesa) en 1918, fecha desde la que ha estado prohibida su caza. 

En el Convenio de Berna, sobre protección de la vida silvestre en Europa, de 1979, se le incluyó como especie estrictamente protegida. 

También se le declaró estrictamente protegida en España en 1981. 

Entró en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, en 1990, como uno de los cuatro mamíferos ibéricos en peligro de extinción. 

Se incluyó en la Directiva europea de Hábitats, de 1992, como especie estrictamente protegida, para cuya conservación fue necesario designar zonas restrigidas de protección. 

Aprobación del Plan de Recuperación, de la Diputación General de Aragón,en 1993. 

La IUCN también lo clasificó como en peligro crítico. 

Tenía un Plan de Recuperación en 1993. Este plan, de la Diputación General de Aragón, estaba vigente desde septiembre de 1993. Su objetivo era garantizar la conservación del último núcleo de población.  Para ello se ejecutaron algunas actuaciones necesarias: Mejora del hábitat actual, cría en cautividad, seguimiento permanente de las poblaciones nativas y reintroducidas, investigación, divulgación, sensibilización y cooperación entre todas las Administraciones implicadas en la aplicación del Plan. 

Tenía un Proyecto Life, en colaboración con Francia, convirtiéndose en un proyecto transfronterizo de conservación y financiados por la Unión Europea.

Se intentó su clonación sin éxito. 

En 1999 el gobierno de Aragón capturó un ejemplar para extraer y conservar tejidos congelados para una posible clonación futura. En el 2000 estas muestras fueron cedidas a una empresa de biotecnología con la esperanza de que pudieran realizar su clonación. 

Se intentó la fusión de núcleos de las células disponibles con ovocitos anucleados de otros animales (cabra montés mediterránea (Capra pyrenaica hispanica) e híbridos de cabra montés y doméstica) e implantar los embriones resultantes en cabras domésticas. En caso de conseguirlo, nacerían hembras y siempre con el mismo material genético, por lo que la idea es que estas se cruzarían con machos de otras subespecies de cabra montés, y luego se seleccionarían los ejemplares más parecidos a los bucardos. Otra alternativa era la de intentar hacer nacer machos a partir de cambiar un cromosoma X por uno Y en laboratorio, mucho más complicado. 

El primer intento serio concluyó en 2003 con 285 embriones de los cuales en su momento se dijo que no llegó a nacer ninguno, aunque dos llegaron a los dos meses de gestación. Sin embargo, según una noticia aparecida en El Periódico de Aragón en Febrero de 2007, sí que llegó a nacer una de las crías, aunque murió por problemas respiratorios típicos de prematuros. A punto estuvo Aragón de lograr, por primera vez en la historia, un clon de una especie extinguida, pero no se consiguió en el último momento. Los análisis genéticos posteriores realizados a esta cría demostraron el éxito de la técnica empleada, es decir que se había conseguido la reproducción de ejemplares idénticos al original. Así lo confirmó la doctora en Biología María Jesús Cocero, del Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria (INIA), que participó en uno de los equipos de investigación. 

A pesar de este avance, el Gobierno de Aragón dejó de subvencionar el proyecto, y la investigación se paró. Aun así los científicos cuentan en la actualidad con un banco de muestras congeladas de bucardo para futuras investigaciones, por lo que de decidirse la continuidad de la investigación, no habría problema alguno. 
No ha sido fácil encontrar respuestas. Queda la pregunta de qué hacer con el legado y la memoria de este animal hermoso e interesante.

En Torla podemos encontrar el  Museo Bucardo, en La Sala Ricardo Pascual García, donde podemos encontrar el último bucardo disecado.

 

 

 

 

 

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