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Noticias >> Las avalanchas de Nieve
Fecha: 02-12-2014
 
► Escala Europea Riesgo de Aludes ► Curiosidades ► Tipos de aludes principales ► Los episodios más catastróficos  ► La prevención   ► Valorar el estado de la montaña ► Observación del terreno ► Circular por zonas seguras ► Signos de alarma ► Y si nos pasa ► Búsqueda de víctimas  ► Conclusiones                                ►Intervenciones de los Grupos de Rescate desde 1981
 
Se denominan también avalanchas y se entiende por alud el desplazamiento de una capa de nieve, de dimensiones y recorrido variable, en una pendiente ladera abajo.
 
 
Se producen por la falta de homogeneidad de la capa de nieve y por la existencia, entre los límites de capas físicamente diferentes, de un agente que facilita el deslizamiento de una de ellas sobre otra subyacente. 
 
La estabilidad del manto nival cambia porque éste evoluciona y es capaz de vencer la escasa cohesión que retenía la masa de nieve: un ruido, el desprendimiento de una roca o un bloque de hielo, o el simple paso de un esquiador por la capa inestable.
En cuanto la nieve empieza a depositarse en la superficie del suelo, e incluso antes, comienza a transformarse debido a un conjunto de factores físicos muy relacionados con la meteorología.
 
 
 
►Escala Europea Riesgo de Aludes  
 
La escala europea de riesgo de avalancha comporta 5 niveles de riesgo definidos por una evaluación de la estabilidad y de sus consecuencias en términos de probabilidad de activación de avalancha.
En montaña el riesgo cero no existe y el peligro al que se expone un esquiador o montañero crece con el valor del índice.
 
Estas transformaciones no sólo se producen en situaciones de altas temperaturas y de fusión de nieve, si no también debido al viento, las bajas temperaturas, la insolación, etc. Bajo estos condicionantes los cristales de hielo modifican sus características iniciales de tamaño y forma.
 
Como resultado de las sucesivas nevadas y de los cambios meteorológicos tenemos un manto nival formado por diversas capas estratificadas.
Según las características de las sucesivas capas y la evolución general del manto, éste puede presentar menor o mayor inestabilidad y en caso de ser está acusada puede desencadenarse un alud.

 ►CURIOSIDADES  

Una de las avalanchas más grandes se desencadeno en Yungay  Perú,  arrasando una ciudad entera donde perecieron más de 20.000 personas en 1962. Tenía un kilómetro de ancho  y llego a llevar una velocidad de 150 Km/h.
La velocidad de desplazamiento, promedio, de una avalancha, dependiendo del suelo donde se asienta la nieve, pronunciación de la ladera y el tamaño de la masa de nieve, pude oscilar entre los 72 y 108 km/h.

 Dependiendo del grado de cohesión y  estado físico de la nieve, el tipo de alud será diferente. Podemos distinguir tres tipos de aludes principales  

Aludes de nieve reciente,  de fusión y de placa.
 
 
Aludes de nieve reciente
 
Producidas durante o poco después de intensas nevadas. En este tipo de aludes la nieve puede ser seca, (temperaturas durante la nevada inferiores a los 0ºC) o de nieve húmeda (nevadas con temperaturas próximas a los 0ºC). Un alud de nieve reciente se produce debido a una pérdida de cohesión de la capa superficial ya sea por sobrecarga o por un aumento de la temperatura durante o poco después de la nevada. Se producen durante las épocas más frías del invierno y su gran velocidad las hace ser muy destructivas.
 
Aludes de fusión
 
Radican en la fusión del manto nival cuando la temperatura del aire supera claramente los 0ºC o en caso de lluvia. Son los típicos aludes de primavera, posiblemente los más conocidos, a pesar de que en ocasiones se pueden producir en pleno invierno en periodos de elevadas temperaturas.
Se caracterizan por una nieve húmeda y pesada. Su velocidad de desplazamiento es lenta aunque no por esto dejan de ser peligrosas. En ocasiones, puede verse involucrado todo el manto hasta llegar al suelo, arrastrando rocas, árboles, arbustos, etc. En tal caso hablamos de aludes de fondo.
 
Aludes de placas
 
Producidas por la existencia de discontinuidades en el manto nivoso. El resultado es el deslizamiento de las capas superiores, aparentemente estables, sobre capas de baja cohesión o sobre superficies de rehielo.
Un caso particular de aludes de placa son las placas de viento, capas duras pero frágiles formadas por la acumulación de nieve transportada por el viento en zonas de barlovento. En general la existencia de cornisas de nieve es un indicio de la existencia de placas vertiente abajo, a pesar de que no se trata de una condición imprescindible. Las placas tienen un aspecto particular con un color blanco mate, de forma lenticular, en su paso por encima se emite un característico sonido  (parecido al chirriar) y los bastones de esquí o el piolet se clavan muy bien. Estos aludes se suelen producir en vertientes abiertas, sobre todo en zonas convexas, y a menudo por el paso de una persona.
 
La fragilidad de las placas y la desunión con las capas inferiores hacen que éstas actúen como trampa para excursionistas y esquiadores, el sobrepeso de los cuales al pasar por encima, actúa como factor desencadenante del alud.
 
Los aludes de placa son los que causan más accidentes. El 80% de los accidentes son debidos a placas de viento (datos entre 86-87 y 2005-2006). Este tipo de aludes se pueden producir a lo largo de toda la temporada, siendo más peligrosas durante las épocas más frías del invierno.
 
 Algunos de los episodios más catastróficos provocados por las avalanchas hablan de la travesía de Aníbal y las tropas cartaginenses por los Alpes que    acabaron con la vida de más de 19.000 soldados en el año 218 A.C.   
 
Durante la I Guerra Mundial (1916) más de 10.000 soldados perecieron en los Dolomitas.
 
En 1601 un alud arrasó los pueblos de Chèze y St Martin, en el Pirineo francés, fallecieron 107 personas. 
 
En 1689, más de 300 personas perecieron en Saas-Fee (Suiza) y en el Valle de Montafon (Austria). 
 
En 1720, quedaron sepultadas más de 200 personas entre Obergsteln, Rueras y Brig (Suiza).
 
En España podemos recordar algunos como el ocurrido en Tavascán (Lerida) que arraso todo el pueblo.
 
En 1789 el Hospital de Benasque (Huesca)  quedo totalmente arrasado. Después de reconstruirlo y en otra zona, tuvo lugar otro alud que lo volvió a destruir y en el que fallecieron tres niños y cinco mujeres.
 
Más recientes podemos recordar el de 1916 en las obras de la Estación Internacional de Canfranc, los aludes del Balneario de Panticosa en 1960 y 1970, en el primero fallecieron dos vecinos de Panticosa que trabajaban en la limpieza de la carretera.
 
Los datos hablan que  desde 1929 hasta 1998 se produjeron en España  92 accidentes, con un total de 332 personas involucradas, 102 muertos y 71 heridos (Rodés i Muñoz, 1998), de los cuales más de 80 accidentes se producen en los últimos diez años de ese periodo, con una media de 7 personas fallecidas por año. En la Cordillera Pirenaica cabe destacar que el 50% de estos accidentes fatales ocurren en el Pirineo oscense.
 
El desarrollo de las poblaciones de montaña y la apertura de nuevas vías de comunicación,   junto con la llegada del turismo a estas zonas y la popularización del montañismo y esquí han propinado durante los últimos años que cada vez se produzcan más accidentes  por aludes con un número importante de fallecidos.
 
Los más impactantes en el Pirineo Aragonés por el número de fallecidos fueron:
 
1985, Candanchú 6 fallecidos, 1991, Astún 4 muertos y 1995, en la bajada del refugio de Respomuso 6 muertos.
 

 LA PREVENCIÓN y el sentido común  
 
Para salir a la montaña en cualquier época del año, en invierno todavía más, en necesario seguir una serie de pautas para nuestra seguridad. 
 
Planificar el itinerario antes de salir de casa. 
 
Hay que consultar el Boletín de Peligro de Aludes donde nos dirá como se encuentra el manto nivoso y la escala de riesgo de aludes,  así como la evolución para los días en los que estaremos en la montaña.
 
Ver la predicción meteorológica con el estado y evolución del tiempo.
 
AEMET Predicción Nivológica Pirineo Aragonés 
 
Debemos adaptar la excursión a las dimensiones del grupo,  teniendo presente la forma física y el nivel técnico de los compañeros.
 
Fundamental es el material básico de seguridad para cada integrante del grupo: ARVA (aparato de búsqueda de víctimas de aludes) que pondremos en modo de emisión  aun cuando tengamos la sensación de que no hay peligro, PALA y SONDA.
Muy importante antes de adentrarnos en la montaña será  informar del itinerario a seguir a familiares, amigos,  guardas de refugio o el Cuartel más cercano, ya que en caso de accidente se facilitaría la búsqueda.
Sobre  el terreno deberemos estar atentos a los elementos que puedan favorecer el desencadenamiento de aludes, de los que ya hemos hablado anteriormente; estado del manto nivoso, características del terreno y evolución del tiempo. 
 
 Lo siguientes datos te pueden ayudar a la hora de poder valorar el estado de la montaña en caso de nevadas recientes  
 
Con 30-40 cm. de nieve reciente el peligro de aludes se centra en las pendientes más acusadas.
 
Con 50-60 cm. de nieve reciente el peligro es generalizado y se recomienda no salir a la montaña.
Ten presente que  factores como el viento, la temperatura ambiente y el estado de la nieve vieja, pueden hacer que, con tan sólo 10-20 cm de nieve reciente, la situación sea crítica. La profundidad de la nieve reciente la podemos controlar clavando el bastón hasta llegar a las capas más duras de nieve vieja.
 
El aspecto regular y homogéneo de una sobreacumulación, el color blanco mate y los chirridos que se oyen al clavar el piolet o los crampones son indicios de la presencia de placas de viento.
Si observamos caídas espontáneas de aludes, sean del tipo que sean, son una importante señal de alarma que no podemos ignorar.
En situaciones de calor, hay que controlar el grueso de la capa superficial de nieve húmeda. Cuanto más húmeda sea la nieve, más probables son los aludes de fusión.
 
 Observación de las características del terreno  
 
La pendiente: La mayoría de aludes se producen entre los 30 y 45º, por lo tanto en todo momento hay que tener en cuenta el intervalo de pendientes en el que nos encontramos. 
Orientación de la ladera: Hay que prestar atención a las laderas orientadas a sotavento (generalmente indicadas mediante cornisas) ya que son las que probablemente tendrán placas de viento. En caso de calor (especialmente en primavera y a partir de mediodía), habrá que evitar las solanas ya que son las vertientes con más probabilidad de aludes de fusión.
 
El relieve: Especial atención merecen las palas regulares y zonas convexas. Un terreno ondulado dificulta la formación de grandes aludes.
 
La vegetación: Un bosque denso es una zona segura, lo contrario de un bosque con poca vegetación.
El tiempo meteorológico en la montaña puede cambia rápida y bruscamente:
 
Precipitaciones: nieve o lluvia y su intensidad, por la sobrecarga que éstos puedan tener sobre  el manto.
 
Viento: fuerza y dirección (formación de placas).
 
Temperaturas: actuales y evolución probable (fusión).
 
Visibilidad: Debe haber la suficiente como para elegir el itinerario más seguro.
 
Niebla: Con temperaturas positivas es una de las maneras más efectivas (incluso más que la lluvia) de humidificar el manto.
 
El viento da indicios de la formación de placas de viento.
 
Hay que circular siempre por zonas seguras  
 
Por crestas y lomas donde difícilmente nos caerá un alud de más arriba.
 
Por laderas venteadas orientada hacia el lugar donde procede el viento (barlovento) a pesar de que encontremos menos nieve.
 
Zonas con relieve ondulado mejor que grandes pendientes.
 
El bosque proporciona anclajes al manto. Es preferible un bosque denso antes que un bosque clareado
 
Hay que evitar zonas potencialmente peligrosas:
 
Pendientes más abruptos y zonas convexas donde la tensión en el interior del manto nivoso es mayor.
 
Vertientes contrarias a donde sopla el viento (sotavento) donde se pueden encontrar placas, un buen indicio es la presencia de cornisas
 
 
Si notamos algún signo de alarma deberemos  
 
Respetar la distancia de seguridad (como mínimo 10 m en el ascenso).
 
En caso de subir o bajar lo haremos por la línea de máxima pendiente y en caso necesario nos sacaremos los esquís.
 
En el descenso evitar en la medida de lo posible las caídas.
 
Antes de atravesar una vertiente sospechosa buscaremos una ruta alternativa. En caso de que no sea posible intentaremos cruzar la vertiente por su parte más elevada, de uno en uno, y con el resto del grupo esperando en un sitio seguro. Para cruzar nos desataremos las correas de los esquís y palos además de una de las asas de la mochila.
 
No está de más taparse la boca y la nariz con un pañuelo.
 
Y que nunca nos pase, pero en caso de quedar atrapados por un alud  
 
Intentar mantener la calma e intentar huir por el lateral más próximo.
 
Si vemos que nos alcanza el alud intentaremos liberarnos de los esquís y bastones y una vez alcanzados hay que intentar nadar para así mantenernos en la parte más superficial del alud.
 
Si el alud nos atrapa adoptaremos la postura de una pelota y cuando notemos que se detiene con el brazo delante de la cara y las rodillas, intentaremos crear una cámara de aire.
 
Búsqueda de una víctima  
 
Lo más rápido posible los compañeros tendrán que tratar de salvar a la víctima. Todos los miembros del grupo se pondrán el ARVA en modo de recepción mientras uno de los miembros del grupo dirige la operación desde fuera y vigila que no caigan más aludes. La búsqueda se realizará desde el punto de desaparición de la víctima observando a la vez los posibles indicios superficiales.
 
No podemos perder tiempo yendo a buscar ayuda hasta que no hayamos localizado a la víctima.
 
Es muy importante haber practicado con anterioridad el rescate con ARVA ya que en caso de accidente no hay tiempo para la improvisación.
 
CONCLUSIONES  
 
Estamos en el mes de noviembre y muy pronto comenzará una nueva temporada de esquí.  Muchas veces se cometen imprudencias "nos saltamos las normas" para conseguir experiencias nuevas, subidón de adrenalina o simplemente por no pararnos a pensar en las consecuencias que puede tener la acción que vamos  a realizar.
 
En muchas ocasiones no solamente se pone en peligro nuestra integridad, que ya en si, es terrible, ponemos también a otras personas en peligro, que no tienen nada que ver con las decisiones que nosotros podamos tomar en un momento determinado.
Por desgracia y un año más tendremos que ver noticias de personas atrapadas en una avalancha. Si se siguieran las indicaciones que nos dan en las estaciones de esquí y se respetarán las señales que indican estos peligros y sus riesgos, evitaríamos seguro estás situaciones tan dramáticas.
 
Por mucha experiencia que pensemos que tenemos y por muy seguros que estemos de lo que estamos haciendo, debemos seguir siempre las indicaciones de los profesionales y las informaciones diarias de los datos nivológicos.
 
En nuestro pais se recogen todos los días datos de gran parte de las estaciones de esquí y refugios de montaña, entre otros,  que se trasladan a la Agencia Estatal de Meteorología.  En la Agencia elaboran una predicción con el estado de la nieve y el riesgo que existe y su posible evolución que se traduce en la Escala Europea de Aludes. Creo que se hace un magnífico trabajo, bien estructurado y de gran valor, que evita todos los años desgracias personales y materiales.   
 
Saber decir "NO" en la montaña puede ser la mejor cima de nuestra vida...  
 
Fuente: Pirineodigital.com, Dirección General Protección Civil Gobierno de Aragón, Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña, isaro.com.
 
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